La locura es un concepto recurrente en la obra de Cervantes, un refugio, una herramienta que permite ciertas licencias al que la padece. Cambian las maneras de adquirirla pero el fin es el mismo.
La asociación implícita entre locura e inteligencia, la incomprensión que sufren ambos términos por parte de los cuerdos mediocres y normales. Los creadores, los artistas en general, todos ellos tienen un punto de locura añadido, un talento especial para escribir, para componer, para diseñar, para crear... Para inventarse mundos y universos fantásticos.
El Teatro Fernán Gómez rinde su particular homenaje a estos genios con el estreno de esta adaptación teatral, tratada desde una visión contemporánea, pero siendo fiel al texto original y que lleva a escena la compañía Teatro del Temple.
En El Licenciado Vidriera podemos encontrar una interesante colección de aforismos e infinidad de enseñanzas útiles y morales. La tensión entre enajenación y libertad es una clave ideológica en este relato ejemplar de Cervantes. Nos muestra cómo los simples mortales que se atreven a acercarse a nuestro protagonista, una vez vencido ese miedo inicial, obtienen grandes beneficios de sus consejos y sus enseñanzas.
El miedo al otro, al que es diferente, está absolutamente presente en nuestra sociedad del año 2010, si somos capaces de tolerar esas diferencias y aceptarlas de manera natural, nos sentiremos más cómodos dentro de nuestros trajes, y la convivencia con los demás será mucho más fácil sin duda.

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